La Dama del Alba

Por Susi

Análisis

Casona nos ha planteado la idea de la muerte como un paso más. En muchas ocasiones, no es mas que una fase de la vida, por lo que, algo que todos tenemos que sufrir, no puede ser malo. Aquí nos la plantea como una justicia poética, con su mítica crueldad.

Por eso Casona, para tratar este tema, nos transporta a su Asturias natal, en su obra: La dama del Alba. Casona nos lleva a Asturias, con un ambiente lo suficiente mágico para obtener el ambiente necesario. Allí nos encontramos en una casa rural, ante una familia destrozada ante la muerte, cuatro años antes, de la hija mayor de los dueños, y cuyo cadáver no pudo ser nunca encontrado. Esta familia se ha aislado del mundo debido a esta muerte. Nos encontramos con una galería de personajes torturados:

Madre: Personaje torturado por la idea de haber perdido a su hija Angélica en el río. Solo podría respirar tranquila si encontrase en cadáver de su hija.

Martín: Casado con Angélica durante tres días, el único que sabe porque nunca encontraron su cuerpo.

Dorina, Falín y Andrés: Los tres hermanos de Angélica, se les ha encerrado en casa sin poder ir al colegio por miedo a que pasen por el río, donde se ahogó su hermana.

Telva: Ama de llaves de la casa. Perdió a marido primero y después a sus siete hijos en un derrumbe de la mina.

Abuelo: Abuelo de Angélica, el único que es capaz de reconocer a la Muerte.

A esta casa torturada llega la Muerte, bajo la figura de una bellísima mujer. La muerte juega con los niños dándonos esa alegoría de que los niños juegan a veces con la muerte sin saberlo.

La muerte es en, en este caso, un elemento idealizado, que nos da una idea del mundo del más allá. El abuelo la descubre, le ruega que se marché, pero en este caso ella es implacable, sabe que ha venido para llevarse a alguien, aunque ni ella misma sabe a quien.

Nos da esta una idea de imparcialidad, la muerte no sabe quien debe morir, solo lo sabe en el momento exacto en el que va a ocurrir, deja sus pasos le lleven hacía donde debe ir, sin saber donde va. A veces se equivoca, por eso el abuelo la conoce, por que ella estuvo a punto de llevárselo en una ocasión... y falló.

Con esto nos causa además un sentimiento de pena hacía la Muerte, ella no puede escoger, se limita a obedecer, y, si en una ocasión se equivoca: la hora nunca pasa del todo, bien lo sabes, se aplaza simplemente.

La muerte que nos plantea Casona es un alma que sufre, se siente torturada por no poder sentir como los demás:

Peregrina: Yo también quisiera adornarme con rosas como las campesinas, vivir entre niños felices y tener un hombre hermoso a quien amar. Pero cuando voy a cortar rosas, todo el jardín se me hiela. Cuando los niños juegan conmigo, tengo que volver la cabeza por miedo a que se me queden fríos al tocarlos. Y en cuanto a los hombres ¿de qué me sirve que los más hermosos me busquen a caballo si al besarlos siento sus brazos inútiles me resbalan sin fuerzas en mi cintura? (Desesperada) ¿comprendes ahora todo lo amargo de mi destino? Presenciar todos los dolores sin poder llorar... Tener todos esos sentimientos de una mujer sin poder usar ninguno... ¡Y estar condenada a matar siempre sin poder nunca morir!

El abuelo, que ya ha visto su rostro en una ocasión, teme por sus nietos, y es aquí donde Casona nos da una visión de la muerte mas allá de los conceptos insubstanciales que puedan plantearse. La idea de que la muerte es algo limpio, si se acepta cuando se debe.

Abuelo: No tengo nada que decirte. Por dura que sea la vida, es lo mejor que conozco.

Peregrina: ¿Tan distinta me imaginas de la vida?¿Crees que podríamos existir una sin la otra?

Abuelo: ¡Vete de mi casa, te lo ruego!

Peregrina: Ya me voy. Pero antes has de escucharme. Soy buena amiga de los pobres y de los hombres de conciencia limpia ¿Por qué no hemos de hablarnos lealmente?

Abuelo: No me fío de ti. Si fueras leal no entrarías disfrazada en las casas, para meterte en las habitaciones tristes a la hora del alba.

Peregrina: ¿Y quién te ha dicho que necesito entrar? Yo siempre estoy dentro, mirándoos crecer día por día detrás de los espejos.

Abuelo: No puedes negar tus instintos, eres traidora y cruel.

Peregrina: Cuando los hombres me empujáis unos contra otros, sí. Pero cuando me dejáis llegar por mi propio paso... ¡cuanta ternura al desatar los nudos últimos! ¡Y que sonrisas de paz en el filo de la madrugada!

Abuelo: ¡Calla! Tienes dulce la voz y es peligroso escucharte.

Peregrina: No os entiendo. Si os oigo quejaros siempre de la vida, ¿por qué os da tanto miedo dejarla?

Abuelo: No es por lo que dejamos aquí. Es porque no sabemos lo que hay al otro lado.

Peregrina: Lo mismo ocurre cuando el viaje es al revés. Por eso lloran los niños al nacer.

Si embargo al final descubrimos que la Muerte en este caso, ha venido a proporcionar la paz a la casa que la muerte de Angélica había quitado.

A esta casa llega, la noche de la llegada de la Muerte, también Adela, que ha intentado suicidarse en el mismo sitio donde se perdió Angélica. Adela sustituye a la muerta en todos los sentidos, la muerta que es ahora tachada de Santa.

La peregrina se marchas tras su primera visita, pero promete volver siete meses mas tarde. Y en efecto, cumple su palabra, viene a llevarse a la única que puede turbar la nueva felicidad, ya que Adela, a lo largo de siete meses que pasan desde la primera noche de la obra hasta la última, se ha convertido en hija para la madre, hermana para los niños y nieta para el abuelo, al tiempo que se enamora de Martín, supliendo el amor dejado por Angélica en todos los sentidos.

La peregrina descubre, por boca del mismo Martín, su misión en esa casa, ya que ella, también está de alguna manera jugando en el mismo juego que todos, ella no es mas que una pieza en el tablero.

Así descubrimos que Angélica no murió ahogada, por eso su muerte tortura a todos, por eso nadie puede olvidarla, porque no ha muerto, es más, esa imagen ideal que se ha formado de ella, es falsa. Ella se escapó con un hombre tres días después de la boda, con un hombre al que había conocido cuando fue a comprar el ajuar en la ciudad (de nuevo el mundo sucio de la ciudad que corrompe).

Martín lo sabe, ya que la vio marchar, pero aceptó vivir en la mentira, aceptó que todos la creyeran muerta y mantener limpio su buen nombre, y ahora Angélica, desde el otro mundo le quita de nuevo el amor, ya que no puede Martín amar a Adela mientras ella siga viva.

Sin embargo, como en tantas otras obras, el amor es mas fuerte que la propia muerte, y, como en los romances barrocos los amantes deciden enfrentarse al mundo haciendo público su cariño, bailando juntos en la noche de San Juan, pero ¿cuál es aquí la misión de la Peregrina? Su misión es devolver la paz quitada.

Cuando todos deciden que Adela puede ocupar todo lo que dejó Angélica (convenciendo la misma Peregrina a Adela de hacerlo) y la casa se queda vacía (ya que todos se van a bailar a las hogueras de San Juan) Angélica vuelve, dispuesta a volver su puesto, ahora ocupado.

La casa está vacía, desesperada, aquella que se fue dejando todo atrás, ve que nadie la recuerda, encuentra que su madre y su marido están bailando felices, entre las hogueras, se encuentra si misma sustituida por Adela, nadie la ve llegar porque nadie la espera, todos están en la fiesta, donde, con las hogueras, se están quemando las últimas penas.

Angélica sabe que no donde ir ni que hacer, realmente es cuando se da cuenta de que lo ha perdido todo, se da cuenta cuando ve que todos bailan y que nadie la recuerda. La Peregrina es la única que espera su visita (sí; Es visita, ya que esta ha dejado de ser su casa, ahora es de Adela) y le da la única solución que queda, esa que tanto teme la protagonista:

Peregrina: Para tus hermanas ya no eres más que una palabra ¿Crees que te conocerían siquiera? Cuatro años son muchos en la vida de un niño. (Se le acerca, íntima) Piénsalo, Angélica. Una vez destrozaste tu casa al irte, ¿Quieres destrozarla otra vez al volver?

Angélica: ¿Adónde puedo ir, si no?...

Peregrina: A salvar valientemente lo único que te queda; el recuerdo.

Angélica: ¿Para qué, si es una imagen falsa?

Peregrina: ¿Que importa, si es hermosa? La belleza es la otra forma de la verdad.

Angélica: ¿Cómo puedo salvarla?

Peregrina: Yo te enseñaré el camino. Ven conmigo y mañana el pueblo tendrá su leyenda.

La peregrina aprovecha la magia de la noche de San Juan para que todos acepten la bella verdad: que el agua ha respetado a Angélica y que aparece hermosa como si acabara de morir, como la protagonista de un cuento, que pasa a ser leyenda en el pueblo.

Hay que decir que este pueblo que narra Casona tiene ya una leyenda, similar a la de otros muchos pueblos de España, la leyenda de que hay otro pueblo enterrado en la laguna.

Un pueblo donde, según cuenta su leyenda, tocan las campanas en San Juan. En este pueblo, cuenta la peregrina a los niños, ha estado dormida la bella durmiente (Angélica) que reaparece en la noche de San Juan, volviendo de su mundo de agua al de tierra.

En este caso Angélica, aceptando su destino, vuelve al río donde todos la creían muerta, y allí reaparecerá, ahogada (esta vez de verdad) en la noche de San Juan, dejando en paz a los personajes que ahora realmente pueden proseguir con su vida.

Quico: ¡Mi ama¡... Al fin se cumplió lo que esperabas. ¡Han encontrado a Angélica en el remanso!

Madre: ¿Qué estás diciendo?

Quico: Nadie quería creerlo, pero todos la han visto.

Madre: (corriendo hacia él, iluminada.) ¿La has visto tú? ¡Habla¡

Quico: Ahí te la traen, más hermosa que nunca... Respetada por los cuatro años de agua, coronada de rosas. ¡Y con una sonrisa buena, como si acabara de morir!

Voces: ¡Milagro!... ¡Milagro!...(las mujeres caen de rodillas. Los hombres se descubren)

Madre: (Besando el suelo) ¡Dios tenía que escucharme! ¡Por fin la tierra vuelve a la tierra! (Levanta los brazos) ¡Mi Angélica querida!... ¡Mi Angélica santa!...

Otra vez el Diablo